Chispazo de alerta y el freno a tiempo

Aunque el magnetismo inicial de Germán la deslumbra y le inyecta esa adrenalina tan necesaria después del desgaste con Marcos, el radar interno de Valeria no se apaga del todo.

Mientras comparten una de esas cenas perfectas donde él despliega su oratoria impecable y la adula con precisión quirúrgica, un detalle menor le hace ruido: nota que cada elogio suena milimétricamente calculado, como un guion de cine ensayado frente al espejo. No hay espontaneidad; hay puesta en escena.

En lugar de dejarse arrastrar por la corriente del halago fácil, Valeria frena la pelota a tiempo. Se detiene a observarlo y, sobre todo, se observa a sí misma: comprende con lucidez que está buscando en los ojos de un desconocido la validación que su propio centro necesita construir.

Esa misma noche, antes de que el espejismo se vuelva una trampa difícil de desarmar, Valeria toma las riendas. Agradece la velada con amabilidad pero con una distancia notable, empieza a espaciar las respuestas a sus mensajes kilométricos y corta por lo sano antes de enredarse en otra ilusión vacía.

Se retrae hacia su propia soledad creadora con una sonrisa de victoria: entendió a tiempo que ningún perfume caro ni ninguna adulación externa valen la pena si le exigen apagar su propia verdad.

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Marcela Scaramuccia