El abrazo a la soledad (Estar a solas)
Pasaron varias semanas desde el mensaje a Marcos. La rutina de Valeria se acomodó en un ritmo propio, amable y predecible. Sus proyectos avanzan, su casa huele a sahumerios y los fines de semana se convirtieron en un territorio sagrado de descanso, sin la ansiedad de tener que responder mensajes a las corridas ni especular con horarios ajenos.
Sin embargo, un viernes a la noche, la soledad se asoma con un matiz un poco más picante.
Está sola en su living, tomando una copa de vino mientras escucha música, y siente una punzada repentina de ganas de mimos, de piel, de una charla cómplice compartida con alguien que la mire de verdad. El cuerpo se le tienta. La inercia de la costumbre le susurra que un rato de compañía rápida le vendría bien para cortar la semana. Las aplicaciones de citas están ahí, a un toque de pulgar en la pantalla, y la tentación de buscar un atajo al afecto coquetea con su mente.
Pero Valeria se detiene. Respira hondo, se toca el pecho y escucha lo que le pasa por dentro.
¿Qué siente Valeria? ¿Qué la está llevando a sentir esta situación?
De pronto, llega una notificación. Es Marcos. ¿Le contesta? ¿Se queda a solas mientras llega otra persona a su vida? ¿Quiere apagar su vacío rápidamente y elige otra opción?
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Marcela Scaramuccia