Marcos vuelve

Pasaron tres semanas desde aquella que Valeria cortó con Marcos. Ella ya se había acostumbrado al silencio amable de sus fines de semana, sus proyectos y su eje recuperado.

Pero una noche suena el celular. Es Marcos.

El mensaje no es un «Hola, cómo estás» al pasar; viene cargado de estrategia y aparente madurez:

«Valeria: estuve pensando mucho en lo que me dijiste el día de la cena. Tenías razón en todo. Quería contarte que tomé una decisión importante: ya hablé con mi ex, le puse fecha firme a la mudanza y los trámites están avanzados. Me di cuenta de lo mucho que valoro lo nuestro y de que no quiero perderte por no haber hecho las cosas a tiempo. ¿Nos tomamos un café este jueves y te muestro que ahora sí estoy disponible?»

Valeria lee el mensaje. Por un segundo, el cuerpo le da un vuelco. La tentación lógica y humana se asoma: «¿Viste? Al final tenía razón, era una transición, se la jugó por mí, ahora sí cambió». El ego y la ilusión de «ser la elegida que logra lo que ninguna» hacen de las suyas

Pero por el otro lado, en el centro de su pecho, una alarma sutil le avisa que la urgencia de él por recuperarla responde quizá más a su propia incomodidad por haberse alejado que por elección desde la madurez 

El inconsciente se pone en una encrucijada.

¿Qué hace Valeria ante la reaparición de Marcos?

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Marcela Scaramuccia