El límite sano y definitivo (Esteban la deja)

Esteban no grita, no se enoja ni entra en el juego del desgaste. La frena en seco con una claridad implacable que a Valeria la deja descolocada:

—No es falta de paciencia, Valeria. Hace semanas que me estás poniendo a prueba, que buscás que reaccione mal para tener la excusa de irte. Yo vine a construir un vínculo real, no a pasar un examen constante ni a cargar con tus fantasmas. Te quiero, pero hasta acá llego.

Esteban pone distancia de forma limpia y definitiva. Recoge sus cosas y se retira, priorizando su salud mental y su paz por encima del enamoramiento.

Valeria se queda sola en su departamento. Al principio, la inercia de su mente defensiva intenta susurrarle la vieja coartada: «Ves? Sabía que no iba a aguantar, no tiene paciencia». Pero esta vez el escudo no le sirve. El eco de sus propias palabras le suena hueco y falso.

Por más que intente culparlo, en lo más hondo de su conciencia sabe la verdad: no fue él quien falló. Fue ella misma, con sus trampas y su miedo visceral a la estabilidad, la que saboteó y destruyó el único vínculo sano que se le había cruzado en años. El triunfo de tener «la razón» se convierte en un vacío amargo, obligándola a enfrentarse cara a cara con la soledad que ella misma construyó.

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Marcela Scaramuccia