Valeria sabe perfectamente que esa urgencia de querer estar con un hombre no es genuina, es el fantasma del viejo hábito que se activa ante el menor bache de vulnerabilidad.

Reconoce que todavía necesita más tiempo de conexión interna, de habitar su propio espacio sin negociarlo, y de construir una autoestima tan sólida que no tiemble ante un viernes a la noche a solas.

Con una sonrisa de autocompasión, deja el celular lejos de su alcance, apaga la pantalla y se vuelve a su música. Elige quedarse con ella, sabiendo que el verdadero encuentro con un compañero sano solo será posible cuando su propia compañía sea un lugar del que jamás quiera escapar.

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Marcela Scaramuccia