El portazo seco, el bloqueo y la huida limpia

Valeria no tiene la menor intención de gastar un gramo más de su valiosa energía en una charla cara a cara con un narcisista. Sabe perfectamente que un tipo como Federico se alimenta de la confrontación, de las palabras y de tener un público (aunque sea para que lo critiquen) que le siga alimentando el ego. Para él, una discusión final es seguir dándole entidad; para ella, el silencio es la tumba de cualquier vínculo que no vale la pena.

Al día siguiente, cuando recibe el mensaje manipulador de WhatsApp donde él intenta gaslighting («qué exagerada estuviste, solo quería hacer notar lo brillante que sos»), Valeria ni siquiera se toma el trabajo de redactar una respuesta larga.

Abre el chat, lo bloquea de inmediato de WhatsApp, hace lo mismo en Instagram y elimina cualquier vía de contacto existente. No hay café, no hay devolución de regalos, no hay discursos elegantes. Simplemente, lo borra del mapa de su vida con un portazo digital tan seco como rotundo.

Se prepara un café, se sienta en su escritorio frente a sus propios proyectos y siente una ligereza instantánea en el pecho. Comprueba que no hay nada más poderoso que la indiferencia absoluta: retirarle la atención a quien solo busca aplausos es la forma más elegante de recuperar la soberanía.

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Marcela Scaramuccia