Esteban

Valeria decide que ya bailó bastante con los monstruos conocidos y con los espejos de la manipulación. Aunque no tiene garantías de nada, le da clic a «El giro hacia lo inesperado».

Acepta la propuesta de su amiga y, un miércoles por la tarde, se sienta en una confitería tranquila a esperar a Esteban. No hay grandes despliegues de seducción estudiada, ni flores exageradas, ni mensajes desesperados al minuto. Esteban llega con una sonrisa cálida, un poco tímido, con una charla llana, de esas donde no hace falta fingir ser alguien que uno no es. Hablan de libros, de proyectos, de cosas cotidianas. La pasan bien, sin la taquicardia de la incertidumbre tóxica, pero con una sensación extraña: para una mente acostumbrada al drama, a la intensidad y al «fuego cruzado», tanta paz al principio casi que resulta… rara. ¿Es calma o es falta de química? Se pregunta Valeria camino a casa.

Los primeros días con Esteban son perfectos. Hay buena comunicación, los silencios son cómodos y él demuestra interés genuino en su mundo creativo. Pero el cerebro de Valeria, habituado a la montaña rusa, empieza a aburrirse de la estabilidad. Siente una «pica» interna: la falta de ansiedad le genera ansiedad.

¿Qué elige Valeria? Continúa viéndolo a Esteban? O va al INICIO para elegir tomar el café con Marcos o aceptar conocer en persona a Federico, el de la app? 

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Marcela Scaramuccia