La Prueba de Fuego: El Límite del Hilo

Viene gestándose desde hace semanas. No fue un arrebato de un solo día; Valeria venía testeándolo de forma sutil, tirando de la soga despacito. Le cuestionaba los tiempos, le minimizaba los gestos lindos, le buscaba el pelo al huevo a cada propuesta y ponía mini trampas cotidianas para ver en qué momento Esteban saltaba y le demostraba que «todos son iguales». En su cabeza, si él se cansaba, ella iba a tener la coartada perfecta para decir: «Ves? No tenía paciencia, era igual a los demás».

Pero el hilo se estira tanto que llega al límite ese fin de semana.

En medio de una situación trivial, Valeria cruza la línea con un reproche injusto y desmedido, buscando el estallido. Esteban la mira. Ya no hay sorpresa en sus ojos, solo un cansancio profundo. Sabe perfectamente lo que ella estuvo haciendo durante semanas.

Lo hace a propósito, buscando una reacción, un límite violento o una prueba que le confirme su teoría de que «tarde o temprano todos se enojan o se arruinan».

Esteban la mira con paciencia al principio, pero esta vez nota claramente que ella está fabricando el conflicto de la nada. No entra en el juego de los gritos, pero el vaso se llena. Y es ahí donde la historia se abre en dos caminos posibles:

En este punto exacto, la historia se quiebra en dos rumbos posibles:

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Marcela Scaramuccia