El autoengaño y la huida elegante (La trampa del «mejor busco a otro»)

Valeria lo mira a los ojos en esa segunda cena. Es cierto que Marcos cumplió: se mudó, solucionó los papeles, tiene la casa en orden y le demuestra un interés genuino, maduro y sin ataduras con su ex. Todo lo que ella misma le había pedido.

Pero en lugar de sentir alivio o entusiasmo, a Valeria le empieza a agarrar una picazón interna insoportable. En su cabeza se desata una tormenta de pensamientos automáticos y defensivos:

«Sí, bueno, ahora está solo, pero a ver cuánto le dura. ¿Y si la ex le vuelve a reclamar algo por los chicos y yo me tengo que bancar el griterío? ¿Y si me estoy metiendo en un bardo innecesario? ¿Y si en realidad le sigo teniendo bronca por cómo arrancó todo? No, mejor no arriesgarme. Para qué me voy a complicar la vida si yo ya estaba tan tranquila sola…».

Valeria reconoce, aunque sea por un segundo en la intimidad de su mente, que le da un vértigo bárbaro comprometerse y salir de su zona de confort. Sin embargo, en vez de hacerse cargo de ese miedo al salto, prefiere usar la lógica del «por las dudas» para justificar su retirada. Se arma una narrativa perfecta: se convence de que, por más que Marcos haya cambiado, él ya está manchado por la historia anterior, que «el que se quema con leche ve a la vaca y llora», y que lo más sabio es dar un paso al costado porque «se merece alguien que empiece de cero, sin pasado».

Es su mente haciéndole trampa. Prefiere disfrazar de «madurez y amor propio» lo que en realidad es puro miedo a arriesgarse y a romperse un poco el caparazón.

A la semana siguiente, le manda un mensaje educado, cálido pero distante:

«Marcos: valoro un montón todo lo que hiciste y el esfuerzo por ordenar tus cosas. Te admiro por eso. Pero la verdad es que, después de pensarlo, siento que todo lo que pasó al principio dejó una huella y no puedo relajarme del todo con vos. Prefiero que cada uno siga por su lado. Te deseo lo mejor.»

Apaga el teléfono con una mezcla de falsa satisfacción y un alivio culposo. Se dijo a sí misma que «eligió su paz», pero en el fondo sabe que se bajó del tren por miedo a que el juego fuera de verdad. Prefiere la seguridad de la soltería o la ilusión de buscar a alguien «nuevo, sin historia», antes que transitar la cornisa de un vínculo real que le exija dejar atrás sus propias corazas.

Fin de esta rama: El refugio de la excusa

Valeria volvió a su eje, pero se quedó con la puerta cerrada por su propio temor a arriesgarse. Comprobó que a veces el mayor obstáculo no es lo que el otro trae, sino la habilidad de nuestra propia mente para inventar una excusa perfecta y seguir evitando el salto.

¿Querés explorar qué pasaba si elegías la otra punta del laberinto (la Opción A o la Opción C?

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Marcela Scaramuccia