El imán de la  intensidad

Valeria lee el mensaje de Federico, evalúa la situación y decide darle la segunda oportunidad.

El reencuentro se da en un restaurante sofisticado. Federico se muestra encantador, atento y con una energía arrolladora que la descoloca. Esta vez la cita fluye con mucha más sintonía y, entusiasmados con el buen momento, deciden ir al cine el fin de semana siguiente, seguido de una cena larga donde las risas y la química física se hacen notar con fuerza.

La atracción que hay entre ellos es innegable, un imán potente que arrastra a Valeria a una vorágine de salidas continuas, planes imprevistos y movimiento constante. Sin embargo, a medida que pasan las semanas, el viejo patrón de Federico vuelve a asomar la cabeza: el ego inflado sigue estando ahí, los monólogos sobre sus propios logros reaparecen en cada sobremesa y cada charla parece orbitar inexorablemente alrededor de su universo.

Pero esta vez, Valeria no se repliega de inmediato ni le pone un portazo. Se encuentra a sí misma haciendo una compleja negociación interna y se deja llevar por el combo completo:

  • La justificación: Se dice a sí misma que «nadie es perfecto» y que el ego de Federico es, en el fondo, una cáscara inofensiva que compensa con creces lo divertido que es salir con él.

  • El factor dinámico: Empieza a pesar en la balanza que Federico es un hombre sumamente generoso, detallista y proactivo. No paran de hacer planes interesantes: la invita a lugares exclusivos, le hace regalos sutiles que demuestran atención, la lleva y la trae, y le inyecta a su rutina una dosis de adrenalina, movimiento y despliegue social que la saca por completo de la monotonía.

«Bueno, ¿qué importa que hable tanto de él si la pasamos bomba, me regala mimos constantes y me lleva a pasear?», se encoge de hombros Valeria, decidiendo mirar hacia otro lado respecto a su egocentrismo, disfrutando de los beneficios de un vínculo intenso y lleno de estímulos materiales.

Sosteniendo esta dinámica donde la comodidad y los gestos materiales tapan el ruido de su ego, la relación avanza unos meses más, hasta que llega un momento donde debe decidir

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Marcela Scaramuccia