El café del lunes con Marcos
Valeria decide descartar la movida nocturna del viernes a las corridas y los a ciegas a través de amigas. Prefiere algo más cotidiano. El lunes a las 17:30, antes de fichar la salida, Marcos se asoma por su box de trabajo con una sonrisa cómplice y le dice:
«¿Sale ese cortado pendiente para bajar la ansiedad del día?».
Acepta. Van a una confitería a dos cuadras de la oficina. Al principio la charla es amena, cómoda, hablan de las exigencias de la semana y de proyectos laborales. Marcos es inteligente, educado y se nota que hay una atracción sutil que viene gestándose hace rato.
Sin embargo, a medida que avanza el café, la conversación gira hacia su vida personal. Marcos empieza a hablar de su exmujer y de cómo terminó su vínculo anterior. Y ahí, Valeria empieza a escuchar ciertas frases que encienden una pequeña luz de alerta:
«Es que ninguna me entiende como vos», tira Marcos, mientras se acomoda, y agrega:
«La verdad es que con mi ex terminé hace dos años, pero seguimos conviviendo por los chicos porque la casa es grande y la verdad… separarse hoy en día es un lío económico imposible».
Valeria se queda con el café a mitad de camino. Por un lado, Marcos es cálido, comparten el día a día y hay química intelectual; por el otro, la situación habitacional con la ex y ese rol de «psicóloga» o «salvadora» que empieza a insinuarse le hace ruido en el cuerpo.
¿Cómo sigue Valeria ante esta situación?
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Marcela Scaramuccia