Seguir la corriente y enfriar (El arte de la diplomacia emocional)

Valeria decide que no está para ponerle dramatismo al primer café ni para arrancar una guerra fría innecesaria en el ámbito laboral. Tampoco quiere regalarle su energía a un tipo que sigue viviendo con su ex. Así que opta por la cintura social: le baja el precio a la situación, le sonríe, le dice un comentario evasivo con gracia («¡Qué tema la convivencia moderna, suerte con eso!») y cambia de tema al instante.

Decide seguir la corriente para no generar rispideces en la oficina, pero por dentro aplica el protocolo de enfriamiento.

A partir de ese día, Valeria se vuelve una maestra de la diplomacia: le contesta los chistes en el trabajo con la justa y necesaria simpatía, pero borra cualquier señal de disponibilidad romántica. Si él le tira alguna indirecta, ella la gambetea con elegancia. Sin embargo, en el día a día, el vínculo empieza a volverse un terreno resbaladizo.

Como Marcos interpreta que ella «lo entendió» y que siguen teniendo esa química linda, se confunde. Al ver que Valeria ya no le sigue el juego pero sigue estando ahí cerca, a él le agarra un gusanito de curiosidad y atracción todavía más fuerte. Empieza a buscarla más seguido en el pasillo, le trae medialunas para el café de la tarde, le escribe algún mensaje fuera de hora preguntándole cosas del laburo que tranquilamente podrían esperar al otro día.

Valeria empieza a notar que «seguir la corriente» para evitar conflictos se le está volviendo en contra: en lugar de enfriarse, el vínculo se empantana en una zona gris donde ella siente que está gastando una energía mental innecesaria sosteniendo una distancia que Marcos se empeña en achicar.

Una tarde, mientras se cruzan en la cocina de la empresa preparando agua para el mate, Marcos la mira de cerca, baja la voz y le dice: «Estuve pensando mucho en lo que charlamos el otro día. Siento que con vos hay algo distinto, me hacés bien. Sé que mi situación es un lío, pero me gustaría que nos veamos más allá de la oficina, ¿te copás este viernes?».

Valeria se queda con el termo en la mano, en plena encrucijada. La estrategia de «seguir la corriente para enfriar» llegó a su límite y ahora la obliga a tomar una decisión de fondo.

¿Qué camino toma Valeria ante esta embestida?

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Marcela Scaramuccia