El corte y la vuelta al eje 

A la mañana siguiente, con los ojos hinchados pero la decisión firme, Valeria toma el teléfono. Ya no hay lugar para la culpa ni para seguir negociando su paz mental a cambio de migajas. Le escribe un mensaje claro y directo a Marcos:

«Marcos: estuve pensando y sintiendo mucho las cosas. Valoro un montón nuestros momentos y lo lindo que la pasamos, pero me di cuenta de que no quiero ni puedo vincularme desde este lugar. Necesito otra disponibilidad y otro tipo de relación que hoy vos no podés darme. Te deseo lo mejor, pero hasta acá llegamos. Cuídate.»

Envía el mensaje y siente cómo una bocanada de aire fresco le vuelve al cuerpo, aunque un leve vacío se asome por la costumbre.

Ese mismo fin de semana, Valeria decide poner en práctica su propio antídoto contra el vértigo de la soltería. Cancela cualquier tentación de buscar reemplazo rápido o de aceptar los fuegos artificiales de Germán. Tampoco agarra el teléfono para correr desesperada al «amigo a ciegas» que le quiere presentar su amiga.

Se queda con ella.

El sábado lo dedica entero a su espacio: apaga el celular por unas horas, prende un buen sahumerio, se prepara una comida rica y se sienta en su escritorio a ordenar sus proyectos y sus cuadernos. Entocees comprende algo clave: la urgencia por estar en pareja era, en realidad, un reflejo de su propia exigencia interna queriendo resolver afuera lo que pedía calma adentro.

Valeria se mira al espejo, se sonríe con complicidad y se abraza. La marea baja, el pecho se afloja y, por primera vez en mucho tiempo, siente que el lugar más seguro y habitable del mundo es estar de su propio lado.

Cómo sigue la aventura?

Valeria logró soltar el vínculo gris con Marcos, atravesó el traspié y eligió quedarse con ella misma para recuperar su centro.

Pasaron un par de semanas de eje, proyectos y disfrute en soledad, pero la vida sigue moviéndose y su deseo genuino de conectar con un compañero a su altura sigue intacto.

Ahora, con las defensas más altas y el radar limpio, el teléfono vuelve a sonar o la realidad la cruza con nuevas encrucijadas.

¿Qué camino elegirá esta vez?

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Marcela Scaramuccia