La trampa del orgullo y comodidad
Al principio, Valeria se queda atrapada en el vínculo por pura cabezonería y orgullo: compite, mide los tiempos de respuesta, se endurece y no quiere darle el gusto a Federico de que note que le importa.
Pero el cuerpo y la psiquis no sostienen una guerra de vanidades por tiempo indefinido. A las pocas semanas, esa adrenalina del pulseo constante se desploma y se transforma en otra cosa mucho más pesada: la rutina de la comodidad y el acostumbramiento.
Como ya bajaron las armas de la pelea pero tampoco hay un amor genuino, la relación entra en un piloto automático gris. Valeria se acostumbra a verlo, a tolerar sus monólogos, a acompañarlo a las cenas de decorado y a justificar sus desplantes bajo la premisa de que «al menos ya se conocen las mañas». El orgullo inicial se disuelve en una jaula invisible de conformismo donde ella posterga sus propios proyectos creativos y su centro para encajar en la agenda de él.
Valeria decide si continúa en la comodidad del vínculo o comienza un nuevo ciclo
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Marcela Scaramuccia